La sugerente edificación, la envergadura de bambú de las techumbres, el exotismo de las cornamentas, la vegetación que rodea, hacen de dormir en una casa tradicional de Tana Toraja una experiencia única.

La primera vez que fuimos a Tana Toraja quedamos tan encantados de la arquitectura local que, en esta segunda ocasión, no dudamos en alojarnos en una auténtica casa tradicional.

Disponer de una casa de esas características sólo para ti, no es algo que puedas hacer todos los días, así que por qué no darse el capricho.

casa tradicional de Tana Toraja

El comienzo fue inquietante. Una vez en la estación de bus de Toraja, ningún taxista sabía cómo llegar a la dirección que indicábamos, ni tampoco habían oído el nombre de ese hotel en la vida.

Temimos que nos hubieran estafado y, además de perder el dinero ya abonado, no encontrásemos alojamiento en ningún otro sitio, lo que nos obligaría a regresar esa misma noche.

Así que, no quedó otra que cruzar los dedos y llamar a los dueños de la casa quienes, para nuestro alivio, enviaron inmediatamente a un conductor.

El nombre de los poblados, de las calles, los carteles indicadores… esas son cosas que en la mayor parte de Indonesia, máxime en áreas rurales, brillan por su ausencia. Y, al tratarse de un poblado no turístico pues, pasa lo que pasa.

¿Entendéis ahora por qué cuando os hablé de cómo llegar a Toraja os aconsejé contratar a un guía local en vez de ir por libre?

animales en calzada de Indonesia

 

Ya en camino, la inquietud no tardó en aflorar de nuevo. El automóvil dejó la calzada y emprendió una enorme subida en plena vegetación. ¡Madre mía, dónde nos vamos a meter!

Una vez arriba, en pleno campo, aparecen no más de media docena de casas tradicionales con sus respectivos graneros independientes. Ningún turista a la vista, tan sólo locales que nos miran con curiosidad y algunas gallinas que pasean sin prestarnos atención.

Poblado de Tana Toraja en plena vegetación

EL PORCHE

Inmediatamente sale a recibirnos una joven pareja, con la sonrisa a flor de piel, como es característico en la isla, y nos invitan a sentar en el porche de la casa. Eso nos relaja, no tienen pinta de secuestradores.

El porche es inexistente en las casas tradicionales de Toraja, sin embargo con un voladizo de  madera y bambú consiguieron integrarlo perfectamente.

Presidiendo, por supuesto, las cornamentas que tanta singularidad proporcionan a las fachadas de estas moradas y tanto orgullo a sus propietarios.

El pequeño soportal con veladores de caña es agradable, mucho. No se oyen más que gorjeos, no se aspira más que aroma de plantas.

No nos corresponde desayuno hasta el día siguiente, pero inmediatamente nos agasajan con un té de bienvenida seguido de unas tostadas con miel, huevos, fruta y dulces. Se agradece. Definitivamente dejamos de temblar, tanto por la intranquilidad como por el frío.

Frío, sí, la primera vez que tenemos esa sensación en todos los meses que llevamos en Indonesia. Quién iba a imaginar que habría un lugar en el país con temperaturas nocturnas no sólo inferiores a los 30 grados, sino en el que además necesitaras mantita para dormir.

EL COMEDOR

Por fin entramos en la casa, como es preceptivo en el país, descalzándonos en la puerta.

La sala era espartana pero por eso mismo conservaba su encanto. Tan sólo una rústica mesa y cuatro sillas que agradecí en extremo porque, muchas de las veces que he socializado con la población local, la mesa se utilizaba para colocar los cacharros de cocina, mientras que  comer se hacía sobre el suelo.

Comedor rústico de casa en Sulawesi

Que no es que me importe por el hecho en sí. Lo que verdaderamente me preocupa es cómo levantarme después, que siempre doy el espectáculo. Una vez incluso hasta me captaron fotograma a fotograma y ya sabéis lo que va después, difusión en redes. Menos mal que una ya está en la edad de reírse de sí misma.

comida en casa tradicional indonesia

Una de mis jornadas con gente local. Cómo veis, mesa no hace falta y sofás tampoco.

En ese mismo comedor, por la noche, nos dejaban unas bandejas con la cena. Platos sencillos, con productos de la tierra, esos que te hacen añorar tiempos lejanos, verduras recién recolectadas, huevos recién puestos, pollo del propio corral…

EL CUARTO DE BAÑO

Al fondo de la sala, habían adosado un sencillo pero coqueto cuarto de baño. Era un congelador por la mañana porque no estaba guarecido por la madera, pero que nuevamente agradecí infinito porque las casas tradicionales, en origen, no poseen  ni duchas ni inodoros.

Para hacer tus necesidades vas a unas casetillas fuera de la casa, con un agujero en el suelo. Para asearte, la misma casetilla o bien el cubo junto al pozo .

Esto último, la ducha en plena naturaleza, te da una sensación de libertad sin igual. Pero lo de la casetilla y el agujero, con un cubo de agua y un cazo tanto por ducha como por cisterna, ya es harina de otro costal, sobre todo de noche y sin luz.

LAS HABITACIONES 

Subiendo una empinada escalera accedimos a los dos únicos dormitorios. Éstos sí que nos parecieron realmente encantadores, a pesar de que, como es habitual, habíamos de trepar casi un metro para acceder a ellos.

Camas en el suelo en casa toraja

Les habían dado un toque de modernidad y para tratarse de un lugar tan modesto, hasta de cierto lujo, pero supieron mantener la esencia. Colchones en el suelo, sí, pero confortables, con ropa de cama cálida y aromatizada.

dormitorio en casa de Toraja en Sulawesi

Mobiliario sencillo pero coqueto. Una bonita cómoda, una minimalista mesilla y ese pequeño toque de la mosquitera que siempre queda tan romántico. Ni había ni se necesitaba nada más.

cómoda en casa tradicional indonesia

Entre ambos dormitorios, la usual estancia separatoria que antaño debía cumplir también las veces de dormitorio pero que ahora se convertía en salita con un bonito escritorio y una televisión vintage. !Y el detalle de las flores! En Makassar eso sí que es un lujo complicado de encontrar.

dormitorio casa indonesia

tele en casa de sulawesi

Aquí puedes calcular la altura para acceder al dormitorio,  casi la de una silla. Y sin peldaño.

Las sillas y la papelera de plástico es cierto que desentonaban un poco, pero se perdonaban.

¿Wifi? Ni por asomo, claro. Pero es que, sinceramente, ni te apetecía encender la tele ni abrir el móvil o el ordenador.

Quietud llamaba a quietud.  Contemplar la voluptuosa naturaleza en derredor, recrearte con los sonidos del silencio, una buena lectura… eran mucho más sugerentes que cualquier otra opción.

Tampoco podía faltar una charla con los dueños de la propiedad. Intercambiar datos familiares es una fórmula básica de cortesía en toda Indonesia. Así que, ilusionados, nos narraron la historia de su familia y de la centenaria casa, heredada de generación en generación.

Y es que, como ya os comenté en su momento, las casas tradicionales de Toraja, no se pueden vender, se transmiten de padres a hijos. Sólo pasaría a otras manos si por desventura la jerarquía se extinguiese en cuyo caso, el jefe del poblado se la adjudicaría a otra familia que la pudiese necesitar.

Casa tradicional en Tana Toraja

Despierta un nuevo día. A las seis de la mañana como es habitual durante todo el año, el sol penetra con alegría por los minúsculos ventanucos. No hacen falta alarmas. El cacareo de gallos, el cloqueo de gallinas y el guirigay de docenas de avecillas constituyen nuestro toque de diana.

Terminan nuestras dos noches en la aldea. Con cierta aflicción contemplamos por última vez todo el enclave. Hemos de despedirnos.

La sugerente silueta de la edificación, la envergadura de bambú de las techumbres, lo exótico de las cornamentas, la calidez de la madera, la dulce decoración…

La vegetación que rodea, la serenata de las aves al amanecer, imaginar las posibles dichas y desdichas de sus moradores durante generaciones…

… Hicieron del simple acto de dormir, una experiencia única, de emociones casi indescriptibles.

 

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