La famosa y sorprendente Toraja: quiénes son, cómo llegar, cómo buscar un guía. Entra desde aquí, sin riesgos, en sus mercados de viandas y animales vivos. 

Toraja…. Cómo empezar a escribir sobre Tana Toraja…

Cojas el libro que cojas sobre Sulawesi, casi no hablan de otra cosa. Quieres saber todo lo que te vas a encontrar cuando llegues aquí, así es que te molesta que se centren básicamente en una pequeña superficie de una isla que, aunque no lo parezca, necesita hora y media de vuelo para ser atravesada, tanto como de Sevilla a Santiago de Compostela, por poner un ejemplo.

Casi le tienes manía a la dichosa zona pero, no se deben emitir juicios sin tener información propia por lo que, en cuanto tuvimos la oportunidad, allá que nos plantamos. Y… ahora lo entiendo. A unos les gusta, a otros les resulta espeluznante…, pero de lo que no hay duda, es de que a nadie deja indiferente.

Ha corrido mucha tinta explicando su arquitectura y ritos funerarios, se han visto mil fotos y reportajes… pero no puedo dejar de hacer un relato yo también porque, sin duda, es la escapada más inusual que he vivido.

Estoy acostumbrada a ruínas intrigantes que despiertan mis fantasías, a palacios maravillosos, a museos impresionantes, a pueblos medievales o ciudades futuristas, a tumbas que desbordan  emociones… pero a esta realidad, en pleno siglo XXI, decididamente no,  y a los  sentimientos encontrados que me produjo, tampoco. Así que…, empecemos.

Tana Toraja es una zona en el centro de la isla de Sulawesi. Aunque en Indonesia viven más de 200 millones de musulmanes, en este pequeño núcleo la comunidad es mayoritamente cristiana, si bien sus ritos se mezclan con ancestrales costumbres animistas.

Se puede llegar en avión, pero no hay vuelos diarios, por lo que gran parte de los turistas, cuyo número realmente me llamó la atención, llegan en avión hasta Makassar para continuar luego en bus. La distancia no es demasiada, 249 Km., aunque con las carreteras existentes, eso se traduce en unas 8-9 horas de viaje.

Realmente no se hace demasiado pesado porque existen unos autobuses “bussiness”, con unos asientos anchos y cómodos que te permiten ir prácticamente tumbado. Eso sí, procura que no te den los de la última fila porque no se reclinan tanto. ¿Razón? En el espacio de detrás se tumba a dormir el conductor de sustitución.

Su2015-08-10 14.40.53elen poner el aire acondicionado bastante fuerte, pero no importa. Dispones de una mantita bastante cálida, normalmente con dibujos infantiles. Bob Esponja es el personaje estrella, haciéndote rememorar aquellas fiestas de pijama de tus hijos. Pero a nosotros no nos tocó.

Nos tocó una del Barça, equipo que aquí conoce absolutamente todo el mundo. Con el frío que hacía, nos abrazamos a ella cual amantes, eso sí, con un cierto sentimiento de chaqueteros.

 

 

Antes de quedarme dormida, recordaba las palabras de mi profe de indonesio, cuya familia reside allá desde hace años: “En Toraja, el status de cada familia se muestra por la cantidad de animales, especialmente búfalos, que sacrifican en los entierros. Se llevan toda la vida ahorrando para ello. Para que lo entiendas enseguida: En Makassar, la gente alardea de su nivel socio-económico a través de las bodas, en Toraja, de los entierros”.

A las 6 de la mañana llegamos a destino. El bus nos paró en la misma puerta del hotel, donde un par de empleados nos estaban esperando. Hotel Toraja Misciliana. Lo habíamos elegido por internet por las fotografías del entorno, la ubicación a menos de 5 minutos de la población y el precio razonable.

Y, sí, la verdad es que el jardín era precioso. Las habitaciones y bungalows tenían la forma de las casas y graneros tradicionales de la zona. Piscina igualmente con forma de casa. Incluso un pequeño lago con merendero en medio. La habitación, muy amplia y limpia, sólo pecaba de excesiva simpleza, poco acorde con el exterior. Y explico todo esto, porque si viajas por estos lares, has de elegir con cuidado: lo mismo te encuentras con un hotel de ensueño que con otro que te quita el sueño.

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Imagen del hotel, con algunos trabajadores recolectando hierbas aromáticas

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Imagen de un bungalow familiar

 

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Así reciben en el hotel, a golpe de tambor (detrás del chico) y con traje tradicional de la zona. La diadema y todo lo que cuelga del traje femenino, hecho con esas bolitas con las que todos, de pequeños, hemos confeccionado pulseras. Lo que no llegué a preguntar es si las deportivas del chico entraban en el conjunto.

Soltamos la bolsa de viaje y directamente fuimos al bufet del desayuno, ya lleno de gente porque, con las temperaturas que disfrutamos, cuanto más tempranito se salga, mejor. Estaba lleno de españoles, qué alegría. En Makassar no sé si llegaremos a la docena actualmente. Pero claro, ellos eran turistas, esa necesidad nuestra de “patria” no la percibían. A pesar de nuestro saludo con sonrisa de oreja a oreja, no dieron muchas muestras de entusiasmo, así que decidimos  que tenían razón nuestros padres cuando   nos decían de pequeños: “come y calla”, que fue exactamente lo que hicimos.

En Indonesia si no vienes en un viaje organizado, lo común es que contrates los servicios de un guía local que, con un poco de suerte, que la suele haber, hablará tu idioma y si no, inglés, seguro. No es algo para ricos, los precios son más que aceptables para los extranjeros, aunque esto no debería decirlo por si acaso alguno me lee.

Por unos 50 euros al día, tienes a tu disposición coche y guía (que a veces es el mismo conductor y a veces una tercera persona), desde las 8 de la mañana hasta las 6-8 de la tarde. Si a esto le sumas que el precio es el mismo sean dos o seis personas (muchos automóviles son de 8 plazas), pues si vas con la familia o alguna pareja amiga, no sale nada mal. Te lleva, te trae, te explica, te espera en la puerta de cuantos sitios sean necesarios… y todo con la mejor de las sonrisas.

En fin, que el hotel nos llamó a una agencia de guías “oficiales”. Pero una vez que llevas un tiempo viviendo aquí, ya todo lo ofrecido a los guiris te parece caro. No quisieron negociar demasiado, así que bajamos al pueblo y en menos de nada y como es preceptivo, regateando y acordando la ruta,  ya teníamos nuestro chófer y nuestro guía.  Disponíamos de dos días. Uno más para algo de senderismo y compras puede que faltara, pero a priori, para ver lo importante, era suficiente.

Aparte del mercado diario, que a menudo no deja de ser un espectáculo en sí, por el colorido de las especias, la variedad de las montañas de café, famosos en esta zona, los pescados extraños, los vendedores…, una o dos veces por semana suele haber un mercado de animales, orgullo de la población.

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Frutas, verduras, y todo tipo y tamaño de pescado fresco

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El café de Toraja es bien conocido en toda Indonesia. Lo venden en grano o ya molido

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Observamos la máquina de moler café que todos los vendedores poseen

Nos indican que tenemos suerte. Hoy hay mercado y mañana funeral, el otro gran espectáculo, que no siempre tienes la oportunidad de pillar, aunque durante los meses de julio y agosto, tienes bastantes probabilidades. Y que nadie se moleste cuando digo “suerte” porque para ellos es realmente una fiesta.

A mí, la verdad es que, sacándome de los perros y los peces de acuario, no me des muchos animales, pero bueno, es lo que toca, si acaso no me acercaré mucho.

¿No acercarme mucho? Eso es imposible. O fastidias el día a quien va contigo, o tienes que meterte en el meollo, así que hale, que salga el sol por Antequera.

El mercado de animales está compuesto únicamente por tres especies: búfalos, cerdos y gallos. Los dos primeros son sacrificados en los funerales, el tercero no, pero es un símbolo de prosperidad y además, la carne de pollo es un alimento importante en la dieta diaria indonesia.

Es increíble la cantidad de animales que hay. Cada especie se encuentra en una zona. La primera es la de los búfalos. Me impresiona muchísimo verlos de cerca. Eso por decirlo fino, porque realmente estaba… asustada…no, … el paso siguiente. Enormes, con una cornamenta tremenda, y esa  anilla en el hocico en la que va la cuerda que los mantiene atados a los postes resulta escalofriante.

Pero más impresión aún cuando dicen que hay que pasar entre ellos. ¿Quéééé? Ya bastante es que estoy pisando barro, charcos y boñigas y que hay ese aromilla en el ambiente!!! La gente me mira entre divertida y extrañada, qué me puede pasar para quedarme ahí plantada, qué hay de raro en caminar entre búfalos, a medio metro de cada uno? Pues, si lo examinas durante unos momentos, efectivamente, mala suerte será que esté aquello a rebosar de gente y los búfalos no se inmuten, y que justo se vayan a fijar en mí. Así que hago como que no los veo y, aún con el alma en vilo, tiro “pa`lante”.

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Nos impacta cómo el chaval maneja al bicho con una sola mano mientras bebe, porque de perfil, se ve un buen ejemplar

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Pero aún más impactante es ver cómo se dirige al siguiente, con esa cornamenta (y eso que en la foto no se ve más que la mitad)

 

Cierto es que me llamó la atención la tranquilidad de los bichos. Ni se inmutaban con el gentío ni se quejaban por esa anilla que daba cosa ver. De repente, nos pareció estar en un rodeo del oeste americano. Llegamos a un graderío de madera desde el que se divisaba una gran explanada a reventar de búfalos. Les echas el vistazo, eliges los que quieres y al camión. En pocas ocasiones se utilizan como animal de trabajo, normalmente son criados para ser sacrificados en los funerales. Dependiendo del poder adquisitivo de la familia pueden ser sacrificados dos… o doscientos.

A continuación pasamos a la zona de los cerdos. Asombro esta vez. Estos no estaban calladitos, no. Yo nunca he asistido a ninguna matanza, pero si alguien ha participado en la matanza de su pueblo, ya conoce el sonido escalofriante que emiten cuando se las ven venir. ¿Que cómo lo saben? Pues listos no sé si serán, pero cuando te tumban sobre una plancha arqueada,  te atan las patas a una caña de bambú, aseguran el cuerpo con dos cuerdas y te ponen en una de las tropecientas filas con colegas… eso no pinta bien. Hay que decir que, aún así, no se podían quejar, porque a los que estaban al sol les ponían una hoja enorme de cocotero encima para protegerles del calor. ¡Que no se diga!

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Nunca había visto cerdos negros, y en esas trazas, menos. No dejas de sentir cierta compasión, pero cuando piensas en la barbacoa que se puede organizar, se te van todos los sentimientos

La tercera sección, la de los gallos, sólo la ví de pasada. El colorido era espectacular pero es un animal por el que desde pequeña siento aversión porque uno solía atacar a mi padre, así que, mira, tuve el valor de pasear entre los animales grandes y no entre los pequeños, debe ser cierto eso de que el tamaño no es lo importante.

Antes de marcharnos, no quise dejar de conocer a la madre de mi profe, que tiene un puesto de vajillas en el mercado y que, tan amablemente, sin conocerme, me ha enviado un regalo para mis hijas. No recuerdo el apellido pero siendo de las pocas familias musulmanas en la zona, preguntando no tardamos en encontrarla.

Fue tan inesperado para ella, que su reacción fue llamar a la hija, darme el teléfono y desaparecer, posiblemente para contarle a todos que tenía visita, aunque ésta se quedara allí tirada sin saber qué hacer.

Nos quedamos perplejos, compuestos y sin novio, pero al menos con la satisfacción de haberle dado una alegría.