Belleza, diversión, lujo, modernidad y fusión de culturas: todo en uno. País que merece la pena conocer. Apuntadlo en la agenda.

Singapur es uno de nuestros vecinos más cercanos, donde aprovechamos para realizar algunos trámites de visado. Tiene fama de ser uno de los lugares más caros del mundo, cosa que no podía creer estando prácticamente inmerso en Indonesia pero, a fe que lo es.

Sin embargo es de los sitios donde no te importa, si es que vas sólo unos días claro. La capital y las playas de Sentosa, que fue lo único que nos dio tiempo a visitar en los tres días disponibles -aunque repetí unos meses después- bien merecen una visita. Ciudad multiétnica,  innovadora, segura, limpia, alegre, lujosa, atractiva y con un pasado interesante.

Los taxis quizá sean de lo poco con un precio razonable, sin embargo, el transporte público más utilizado es el metro, por su rapidez, modernidad y excelente red. No merece la pena correr para que no se te vaya el que está en el andén, el siguiente llegará entre 1 y 4 minutos después.

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Bajada a los andenes de una parada de metro. El techo va cambiando de color. Muchos nos quedamos un buen rato contemplándolo.

Para que salga un poco mejor de precio hay billetes turísticos, para tres días o para un número equis de viajes que se pueden ampliar. Tienes que dar un depósito de diez euros que te reembolsan al finalizar, pero ojo, mejor hacerlo en la estación de metro donde se compró porque, aunque en teoría en el aeropuerto también se puede, nadie sabe dónde, y al final te quedas con el depósito colgado.

Nos hubiese gustado alojarnos en el hotel Marina Bay Sand, cómo  no, uno de los más famosos del mundo pero, aunque por un par de días en la vida te podrías dar el lujazo, teniendo en cuenta que sólo lo vas a utilizar para dormir, el precio de oferta, que quién sabe si corresponderá al cuarto de la plancha, trescientos euros habitación/noche, se puede dedicar a cosas mucho más interesantes que roncar, así que optamos por uno bastante más pequeño y sencillo, aunque estupendamente bien ubicado, frente a Clark, una de las zonas más animadas de la ciudad.

Y ya que hemos mencionado el Marina Bay Sand, empecemos la visita por él. Como sabéis es uno de los hoteles más mastodónticos y supongo que lujosos del mundo. Su aspecto, que en foto no me decía gran cosa, in situ es espectacular, sobre todo de noche. Entramos en el edificio que está a reventar de turistas curiosos igual que nosotros y casi nos alegramos de no alojarnos allí porque la cola para el registro de entrada era impresionante.

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El imponente hotel Marina Bay Sand y bajo él un curioso puente que me recuerda un rulo de rizar el pelo. A la derecha, con forma de flor, un modernísimo teatro

La planta baja es una mole que une los dos edificios laterales. Mucho mármol y un lujosísimo centro comercial que impresiona no sólo por sus escaparates  sino por su inmensidad. Incluso hay un pequeño lago donde poder dar un paseíto en barca.

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He aquí el final del lago: Desde la planta superior ves cómo en el medio cilindro de cristal entra agua formando un remolino cada vez mayor. Cuando está lleno, cae hacia la planta inferior como si fuera una cascada.

Aunque no durmamos, una visita a la terraza panorámica es obligada, así que tomamos el ascensor hasta la planta 57. Veinticinco dólares por persona, nada más y nada menos, sólo por subir, si consumes algo en la cafetería va aparte. Caro, pero he de reconocer que las vistas merecen la pena.

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Abajo a la izquierda, ves los Domos, y a la derecha «las setas». De ambas cosas hablamos más adelante,

De la famosa piscina infinity, sólo se veía un piquito. La sensación de remojarte en una superficie de 150 m. de largo, a una altura de 200 metros, debe ser increíble, como si te fueras a desbordar hacia el infinito. Ese capricho sí que me lo hubiera dado de no ser porque condición indispensable para disfrutar de ella era estar alojado en el hotel.

En un segundo viaje decidimos subir a otro edificio, el 1 Altitude, justo a la espalda del Marina. Y si he de recomendar, recomendaría éste otro. El precio eran treinta dólares pero subías casi veinte pisos más, incluía una bebida y había música en directo, además de contemplar al Marina en primer término.

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Vista diurna desde el edificio 1Altitude. La chica de la parte superior de la imagen no es un fantasma, es que fue imposible eludir el reflejo de la barrera de cristal

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Y vista nocturna desde otro costado del mismo edificio

Por las noches, en el exterior del centro comercial del Marina Sand, hay un espectáculo de agua y sonido. Es una proyección sobre chorros de agua. Bajo mi punto de vista, no está nada bien conseguido y si además corre un poco de brisa, casi no se distinguen las imágenes. Si has visto el de la Expo 92 de Sevilla, o algún otro por el estilo, éste no te llamará la atención.

El espectáculo que, sin duda alguna no debes perderte, es el de luz y sonido que cada noche se ofrece en Gardens by the Bay, los jardines que hay justo frente al Marina Sand. Concretamente en lo que mucha gente, por su forma, ha dado en llamar “las setas”, aunque oficialmente se denomine Supertree Grove.

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Una instantánea de entre las mil que puedes realizar en su continuo juego de colores

Hay dos sesiones diarias gratuitas. Un buen sitio para disfrutar de él es al fondo, donde están los restaurantes, pasadas las “setas”. Una explanada de césped te invita a tumbar y las cientos, miles de luces multicolores danzan al son de notas clásicas, modernas o de películas incitándote a participar.

Si consigo aprender cómo insertar un vídeo, en algún momento colgaré un trocito de grabación.

Por otra parte, si has llegado con suficiente antelación y te aburren las esperas, puedes darte un paseo por el puente colgante que las circunda. Y no olvides la cámara, la vista nocturna del hotel desde aquí es igualmente una preciosidad.

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En esta otra imagen de las setas podéis apreciar una fina línea circular. Es la plataforma flotante sobre la que podéis pasear. Mejor durante la noche que no pega el sol, si no, os acordaréis de mí.

También puedes visitar estos jardines durante el día. Hay dos edificios en él emblemáticos, los Domos. Pero, te aviso, si vas, coge una chaquetita, en el interior te con-ge-las, el que avisa no es traidor.

Uno de ellos, el Flower Dome, está dedicado a la flora universal. Dividido en las diferentes zonas climáticas del planeta, encuentras desde olivos y geranios hasta baobabs, los cuales me hicieron revivir las imágenes y palabras de Saint Exupery y su Principito aunque, en mi ignorancia, pensaba que tal y como están dibujados en el libro, sólo existían en la imaginación del autor y no, son tal cual.

Pasamos también por orquídeas, lotos, tulipanes… todo ello  salpicado por elementos de cuentos, a tamaño real, como la carroza de Cenicienta o la casita de chocolate, que no sé exactamente lo que pintan si no es intentar hacer más llevadera la visita a los niños.

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La verdad es que daban ganas de dar un mordisquito a ver si era tan real como parecía

El segundo, el Rain Forest, tiene la cascada artificial más grande del mundo. Desde abajo no parece tan alta pero cuando estás arriba, en un saliente con el suelo de cristal, te aseguro que sí, y eso que como observarás en la siguiente imagen, la plataforma está  más o menos a la mitad de la altura.

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Con todo, no sé qué me pareció más impactante, si la cascada o el edificio en sí. Yo creo que el edificio. Futurista, de estructura minimalista, casi diáfana, de metal y cristal, en la que puedes ascender a través de ascensor, que no tiene gracia, y bajar por rampas metálicas flotantes, muchísimo más sugestivo.

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¿No es impactanta la plataforma? Y todas las paredes y techo del edificio de cristal, parece que vas a alcanzar el cielo.

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Ya estamos arriba: ¡El cielo en tus manos y Singapur a tus pies!

Si he de elegir algo que me encandilara además de la estructura, sin duda me quedo con los trabajos en madera salpicados por ambos edificios. Os muestro algunos, fijaros qué maravilla.

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Un ave realizada en un tallo seco. ¡Una preciosidad!

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¡Más sencillo e imaginativo, imposible!

Si os gustan las alturas, no lejos de aquí hay una noria (pero sin confiarse, que andando hay un paseo). Su nombre en los folletos es Singapur Flyer. Recuerda mucho a la de Londres. Con sus 165 m. de altitud, hasta 2014 en que fue superada por otra en Las Vegas, era la más alta del mundo. Ya se sabe, en América todo es a lo grande.

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Desde ella se puede ver parte de la ciudad y algún tramo del circuito de F1. La duración del viaje es de treinta minutos y al comprar el tiquet hay que elegir hora. Unos quince minutos antes del anochecer es una buena opción, porque se aprecia el panorama tanto con luz natural como eléctrica.

A mí personalmente, aunque no está mal, después de haber subido a los edificios citados con anterioridad, no me pareció que mereciera la pena, pero hay quien opina lo contrario, sobre todo los románticos, porque puedes elegir entre distintos tipos de cabina, desde las habituales comunitarias hasta las privadas en que te sirven tentempié y champán, a precio de oro, ya te aviso.

Y como para gastar dinero siempre hay tiempo, en Asia si algo hay sobrado, son centros comerciales, y a cual más grande y lujoso. A veces se unen unos con otros a través de pasillos acristalados que atraviesan las calles por la superficie o por el aire.

Unas veces son estructuras modernas y otras clásicas, pero siempre espectaculares, incluso imitando calles en el interior (adoquines en el suelo, farolas, casas o antiguos comercios simulados…) y es que, así también se hacen a la idea de que están paseando, porque con la temperatura exterior desde luego que no hay quien se atreva a vagar por fuera.

También hay, cómo no, mercadillos chinos. Si han llegado a España, imaginaos aquí que están más cerca y con comunidades asentadas desde hace siglos. Sólo que no se trata de un local más o menos grande, sino de mil puestos callejeros abiertos toda la semana y casi casi diría que día y noche.

Cansados de mercadillos decidimos sentarnos un rato en los jardines del que fue uno de los hoteles más glamurosos del planeta, el Raflles. De impresionante estilo colonial, dio cobijo durante años a la flor y nata de la sociedad de su época. Se inauguró en 1820, después de la II GM se utilizó como campamento para los prisioneros aliados y en 1987 fue remodelado, declarándose Monumento Nacional.

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Actualmente está en uso pero, al menos el día que lo vimos, casi desierto. Muy bien conservado, te puedes imaginar fácilmente cómo se lo montaban los pudientes, porque si ahora luce gigantesco e imponente, imagino años atrás cuando la sociedad era mucho menos boyante.

Para finalizar este post, al igual que para finalizar cualquier día de tu estancia en Singapur, una excelente opción es cenar y tomar una copa en la zona de Clark Quay. El eje central es un brazo de agua, el río Singapur, por donde puedes dar un paseo en barco y, en cuyos márgenes se alinean multitud de cafeterías y restaurantes.

Un costado es tranquilo, para relajarse o conversar tranquilamente, no muy tarde porque recogen pronto. El otro, al que se adhieren varias calles peatonales de alrededor, todo lo contrario, de lo más bullicioso y variopinto, música alta, actuaciones callejeras… Claro que también dependerá de las fechas porque si bien es verdad que la segunda vez que fui casi había que abrirse paso a codazos, la primera estábamos en familia.

El conjunto de la zona resulta de lo más original: bares y restaurantes con veladores fuera. Unas calles con cubiertas metálicas super modernas y una iluminación cambiante fosforita. Otras con edificios modernos pero de corte neoclásico, que más parecen galerías palaciegas. Y una fuente de estas actuales que simplemente son chorros que salen del suelo, que da vidilla a los paseantes porque, cuando menos lo esperas, comienza a funcionar y te pones perdido. Menos mal que el bonito juego de chorros y colores te encandila y que, en el fondo, agradeces una mojadita. ¡Las temperaturas se dejan notar!

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Una simpática cafetería: la aviación como temática y la entrada … ¡una pista de aterrizaje, con sus luces y todo!

En el próximo post hablaremos de sus barrios: árabe, chino e hindú, bonitos y románticos, sin los que Singapur no sería la misma, es más, perdería casi toda su identidad. Os espero.

Pero os quiero dejar con uno de los trabajos de madera de la ciudad, es que ni pintado como pasatiempo de aquellos que hacíamos en nuestra niñez. ¿Podéis encontrar todos las figuras y animalitos tallados? Ampliad la imagen, ampliad, hay muuuuchos más de los que parece.

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