Ponerse en el papel de Santa Claus es algo muy especial. Y mucho más cuando se trata de visitar un asilo-orfanato. He aquí nuestra experiencia.

En un par de ocasiones os he mencionado a un grupo de azafatas-os por los que siento cierta admiración. Cada año, al llegar Ramadán, una de las celebraciones grandes musulmanas, realizan una campaña de recogida de fondos dedicada a abastecer a alguna comunidad necesitada.

No me extraña porque su religión dice que han de ser generosos con los menos afortunados, especialmente en estas fiestas. Lo que sí me asombró sin embargo es que hicieran lo mismo cuando llegó  Navidad, la fiesta grande cristiana, ya que en Indonesia el porcentaje de practicantes de esta religión es muy pequeño.

En ambos casos fuimos invitados a colaborar y asistir a la entrega de lo recaudado, que no sólo se limitaba al “toma, aquí tienes”, sino a pasar la tarde con la comunidad en cuestión.

SANTA CLAUS

No sé si porque nos apuntamos a cualquier sarao o porque los rasgos físicos son más creíbles, esta vez han ido a más y han pedido a mi marido que se disfrace de Santa Claus para dar los regalos.

Quien le conoce, ya se puede imaginar que no dudó un instante en aceptar la propuesta y, como adelantamos nuestra Navidad para poder celebrarla en España, pedimos a los Reyes Magos un traje apropiado para tal efecto, porque con toda seguridad aquí no lo encontraríamos.

Una hora nos costó encanecer aún más el cabello y la barba, la cual durante tres meses se había dejado crecer y crecer, porque eso de usar una de tela no le convencía. Y éste fue el resultado:

Disfrazado de Santa Claus

La fecha elegida no fue el 25 de diciembre porque había que cuadrar que la mayoría de los organizadores tuvieran día libre y porque en Makassar no es costumbre toda esa parafernalia de Occidente. Con un oficio religioso y una comida no muy distinta a la de diario, está  celebrado.

El lugar no lo teníamos claro porque aquí organizar este tipo de actos  no exige demasiado protocolo. A última hora nos comunican que es un asilo-orfanato en una barriada por la que nunca se nos había ocurrido circular: apartada, calles estrechas, sin nombres… ni el taxista lo llevaba claro aun preguntando a los viandantes.

Al ver el barrio tan humilde nos inquietan las condiciones en las que se encontrará el centro, pero nos sorprende gratamente, bien cuidado, ordenado, limpio y con múltiples plantas que le confieren un agradable aspecto .

En él residen aproximadamente una docena de ancianos y casi una veintena de chicos-as entre 8 y 18 años. No pienso yo que en esta ciudad y a estas edades, crean mucho en Santa, pero la ilusión que nunca falte.

EL ACTO CON LOS NIÑOS

A pesar de llegar con horario indonesio, es decir, media hora tarde, fuimos los primeros.

A falta de gente, nos entretenemos contemplando el sencillo pero alegre belén dispuesto en el patio, el único que posiblemente veamos este año, y en ese momento echo de menos todo lo que supone montar el belén en casa, dos días de ambiente único con nuestras hijas que este año no ha podido ser.

belén en centro cristiano de Makassar

Poco a poco comienzan a llegar los compañeros y también los residentes, quienes ponen cara más que asombrada cuando ven a un señor tan canoso que, al estar aún sin disfrazar se asemeja enormemente, más que a ningún otro personaje, al abuelo de Heidi.

Una hora más tarde por fin comenzamos. Todos los chicos se sientan en una sala. No hay ningún sacerdote, ni para hablar ni para oficiar misa, sólo un par de monjas con sus hábitos y algunas mujeres, que debían ser algo así como catequistas.

Niños en orfanato indonesia

Hablan sobre el significado de la Navidad y dirigen varias oraciones. No falta el cántico de un villancico, Noche de Paz. Nos han proporcionado la letra, en indonesio claro, y  me hace mucha ilusión cantarlo con ellos, parece que por una vez, aún en tierras lejanas, estás con los tuyos.

Eso sí, cantarlo a casi cuarenta grados, un poco raro se hace.

Niños en orfanato Makassar Indonesia

Al terminar la celebración, una azafata toma el micrófono y comienza a animar al personal. Saca a los niños para que digan qué quieren ser de mayores o qué ilusiones tienen y en alguno que otro aflora la emoción contenida.

Niña emocionada en orfanato Makassar

Santa ya está preparado y comienza a repartir paquetes.

Santa Claus llegando a orfanato de Makassar Indonesia

Sólo emerge una tímida sonrisa en los más pequeños. Todos están muy callados. Nadie se alborota excepto el grupo organizador, que mete bulla para ver si reaccionan. Y si eso nos provoca momentos embarazosos, el percatarnos tardíamente de que no hay paquetes para todos, mucho más. Así que improvisando, se intenta entregar antes a los más peques.

De repente una de las catequistas discute con su niña de 8 ó 10 años. Le había tocado regalo y no entendía que ahora su madre se lo quisiera dar a otro. Ninguno de los críos a los que no había llegado paquete se ha quejado, sin embargo esta nena  se niega a devolverlo y monta la pataleta a base de bien.

Dios míooo, vaya panoramaaaa, esperpéntico. ¡Y nos hace pensar!

Afortunadamente, una vez más comprobamos que las cosas sencillas pueden ser las que mejor resulten. Habíamos comprado por nuestra cuenta un buen paquete de chupachups, y allá que empezamos a darlos a “tutiplay”, a pequeños y mayores, sin orden ni concierto, y entonces sí que sí, quién lo diría, comenzaron a reir alborozados levantando enérgicamente voz y brazos para conseguirlos.

Niña de orfanato en Makassar Indonesia

En este país, la forma habitual de agradecer una visita o de despedirse, que a mí siempre me invade, me llega muy adentro, es hacer dos filas, igual que en un besamanos. Los visitantes están parados y los de casa, o los que se marchan, van pasando  estrechándote la mano y llevándosela después al corazón al tiempo que inclinan la cabeza.

Esto fue lo que hicieron todos antes de salir al patio para preparar las cajas de comida que habíamos llevado. Mientras,  nosotros éramos dirigidos hacia la zona de los ancianos.

saludos a Santa Claus en orfanato indonesia

LOS ANCIANOS

Bueno, del anciano, porque solamente había uno y además no creo que fuera mucho mayor que nosotros, pero debía estar imposibilitado. No hablaba o no quiso hacerlo y su mirada fue lo más escalofriante de la tarde.

Dudosamente la podré olvidar. Temerosa, enojada… no sabría definirla, pero parecía recelar, dudar de sus propios ojos, no saber si estaba en un sueño o ya muerto y contemplando a un ser de otra dimensión.

Santa Claus visita a anciano en Indonesia

Y si su expresión fue impactante, el camino hasta su habitación también. Casas derruídas dentro del recinto, como si de la imagen tras un bombardeo se tratase. Imagino que por eso sólo había una persona, era el único edificio en pie.

Confío en que la demolición fuera a propósito para hacer edificios nuevos pero no las tengo todas conmigo porque en  ese caso supongo que se habrían ido llevando los escombros.

casas demolidas en asilo de Indonesia

Con el corazón algo encogido, nos dirigimos a la zona femenina. Es sencilla pero agradable. Se suceden las habitaciones, que más parecían casitas adosadas formando una U en torno a un pequeño jardín. Son individuales o de dos camas, pero casi ninguna anciana estaba dentro sino sentadas en la puerta, como recuerdo hacía todo el mundo en mi infancia.

Anciana saluda a Santa Claus en asilo de Indonesia

Ellas sí que rebosaron alegría al ver todo un tropel de jóvenes por allí. Y para ellas afortunadamente sí que había un regalo por persona .

En Indonesia no se estilan mucho las muestras de afecto en público, no están bien vistas. Sin embargo en esta ocasión Santa Claus fue recibido  no sólo con sonrisas abiertas, llenas de felicidad, y con chispas de energía nueva en los ojos, sino también con enormes y francos abrazos que nos conmovieron a todos.

Mantuvimos el tipo, con esfuerzo pero lo mantuvimos, hasta que una de ellas se aferró a él tan, tan emocionada, que supuso la gota que colmó el vaso. Su llanto nos contagió a todos por igual.

Santa Claus visita a anciana en asilo de Indonesia

Terminamos la visita como siempre, con muchas fotos y muchas risas ahora que todos habían cogido un poquito de confianza.

Grupo de azafatos con Santa Claus en orfanato de Makassar

EL RETORNO A CASA

Y tomamos el camino de regreso a casa con una bonita sonrisa. El día de hoy no ha sido exactamente como esperábamos, pero sin duda nos dará para meditar sobre muchas cosas, nada fáciles de solucionar, cierto es.

Santa Claus y ayudante en asilo de Indonesia

Nos vienen a la mente dos frases que, tal vez por estar tan a menudo en boca de todos, casi resultan manidas, y a las que hasta ahora no habíamos sabido dar la importancia debida:

“Esto es como darle a un niño un caramelo” y “Nos volvemos niños a la vejez”.

Ambas expresiones cobran para nosotros un nuevo y profundo significado porque sólo con los caramelos conseguimos hacerles reaccionar y reir. Causaron más efecto que cualquier palabra o regalo primorosamente envuelto.

Y porque no creo que las ancianas se hubieran alegrado tanto de haber sido un rey en persona quien las visitara.

Santa Claus con huérfanos de Indonesia

Hoy no oímos a nadie pedir una play ni un nuevo móvil. Unos caramelos, un abrazo… nadie necesita aqui un regalo mayor.

El que menos tiene es el que menos necesita.

¡Qué enorme lección nos dieron!

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