Preguntas que me soléis hacer: ¿Hay tantas motos como dicen? ¿O la gente circula más en bici? ¿La estampa típica de las bicis y el gorrito cónico es cierta? Pues vaaaamos a descubrirlo.

Para empezar, en la ciudad no, no hay bicicletas, sólo algunas sueltas muy de vez en cuando. Utilizarlas sería algo así como una temeridad. Y la estampa del gorrito cónico de bambú se queda básicamente para las zonas rurales donde efectivamente, se siguen utilizando para protegerse del sol mientras cultivan o pescan.

Lo que sí hay son motos, muchas, muchísimas, pero hasta ahora ninguna he visto de gran cilindrada. Por dos razones, primera y principal, porque no tienes por dónde correr y segunda porque aquí, tener moto es cosa de la plebe y obviamente, una Scooter, una Vespa… son mucho más baratas que una de 1000 c.c. y no digamos ya que un coche, y en el fondo, te da casi el mismo apaño que éste. A veces incluso más, porque evitas más fácilmente los atascos y los baches.

La que sí es cierta es la imagen de toda la familia en la moto: tres adultos no es raro de ver, y dos adultos y dos o tres niños, tampoco. Es curioso pararse en algún punto a observar: hay quienes aprovechan el ir de paquete para comer o para amamantar al bebé, los críos delante o detrás del conductor dormidos, sin sujeción ninguna… Y no se caen, eh, no sé cómo pero no se caen.

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Imagen muy habitual. Y aún cabe al menos uno más.

Es chocante también que sólo los adultos tengan la obligatoriedad de llevar casco. Ya sabemos que los niños son de plástico, pero bueno, tampoco es cuestión de hacer la prueba, como todos hicimos con los vasos de Duralex, ¿no?

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Una de las pocas veces que ves a los niños con casco. Claro que, llevar también cinturón de seguridad,  ya hubiera sido demasiado. Y no, no es que la lleve sólo a dar un paseíto por su propia calle.

Me hacen gracia los puntos de venta de cascos más habituales: furgonetas aparcadas por donde pueden, encima de una acera, al borde de una carretera… con una exposición enorme de ellos tanto en el interior como en el exterior. Si están o no homologados, ya eso carece de importancia.

En cuanto al transporte de mercancías, no te puedes imaginar lo que da de sí una moto, ¡no te lo puedes ni imaginar! Desde un completo puesto de chucherías y globos, hasta alforjas grandes donde disponen pescado, verduras y otros productos para ir vendiendo por las casas, pasando por la escoba, la fregona y el cubo si vas a limpiar alguna casa, las viguetas si estás haciendo alguna obra,  la mesita que acabas de comprar, el frigorífico que le llevas al cliente, etc., etc. etc. Es todo un arte cómo lo equilibran, en serio.

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Nosotros también hemos hecho pinitos en eso de cargar la moto, a ver por qué no. Empezamos llevando la compra del super, que no hacíamos muy grande, claro, porque somos novatos, seis o siete bolsas no más, y otro día nos animamos a transportar una mesa plegable de unos dos metros de largo. Esto ya se nos hizo algo más complicado, pero lo conseguimos.

Lo que no sé es por qué nos miraban todos cuando de normal nadie mira a nadie cuando transporta cosas. Una de dos, o no están acostumbrados a ver a los guiris de esa guisa o teníamos cara de pánico. Tal vez fueran “ambas dos” razones.

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Algo complicado acoplar la mesa, porque pesaba mucho para llevarla con una sola mano, pero al final lo conseguimos poniéndola a lo ancho. ¿Qué eh? Una furgoneta abulta lo mismo. Ya nos harán sitio

Pero aunque te haga casi el mismo apaño que un coche, el status es el status, y tener un automóvil te da caché y preferencia para lo que sea menester, atravesar una calle, aparcar… Por ejemplo: cuando llegas a algunos centros comerciales hay una entrada para motos, que quedan aparcadas en el quinto pepino, al aire libre, y otra entrada para coches, que pueden optar por aparcar en la zona cubierta con entrada directa. Total, si llueve, los otros ya se han mojado, qué más da, al menos que alguien se siga manteniendo seco.

Y otra cosa, no te dejan entrar en la zona comercial con el casco, con lo que, o lo dejas en una consigna habilitada al efecto, si es que hay, o mojándose en el manillar, y no imaginas luego cómo huele a humedad, además de que al introducir la cabeza presionas el enguatado, y te chorreeeea cuello abajo.

Igual te pasa con el impermeable, qué haces con él una vez mojado. Aquí, como cuando llueve es a lo grande y de un segundo para otro, todos llevamos bajo el asiento uno, y a la primera gota paramos inmediatamente en donde nos pille para ponérnoslo so pena de llegar a destino en plan miss/mister camiseta mojada.

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¿Quedarse en casa si llueve porque no tienes coche y te vas a empapar? ¡Qué tontería más grande!

Pero todo se aprende, ahora ya vamos también con bolsitas de plástico para guardar casco e impermeable. Estamos hechos unos guerreros. Aunque la realidad es que de una forma u otra llegamos mojados, porque  la humedad ambiental y  el plástico antitranspirante no son una buena combinación.

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Por fin un parking donde las motos están a cubierto. ¿O es un tendedero público?

Lo que ya sería demasiado es ir cargados también con botas de agua, así que los vehículos que pasan a tu lado, te ponen chorreando los pies, que sería un mal menor si no fuera por esos días gafes en los que se te rasga el chubasquero. Entonces ya llegas para escurrirte antes de entrar en la casa que, ¿ves?, ahora ya sé por qué todas tienen una toalla en la entrada, si es que todo está previsto…

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Un día de lluvia después de las compras. ¡Antes muerta que sencilla!

En fin, estas son aventurillas, y le dan salsa a la rutina, y te ríes a carcajadas cuando llegas a casa y te vas quitando ropa empapada… si es que no has tenido un mal día, claro, entonces no te ríes tanto.

Lo que tampoco llevamos aún es una chaqueta de manga larga. Nos extrañaba, con el calor reinante, que la gente las usara. Ahora lo entendemos, el sol te abrasa la piel, como te descuides quemaduras, quemaduras. Lo que no entendemos es que realmente sean necesarios guantes y jersey de lana o anorak acolchado como suele ser habitual.

Pero bueno, como siempre, su razón habrá, algún día lo descubriremos, tal vez evitar desgarros ante las caídas, porque para evitar que la piel se oscurezca aún más, como me han explicado, yo creo que con algo que no sea lana, también valdría… teniendo en cuenta que la temperatura media son 35 grados con 90% de humedad. Bueeeno, quítale cinco gradillos en la estación de lluvias.

Recuerdo un día en que una amiga llegó a casa y, sin saludar siquiera, entró deprisa diciendo “agua, por favor, agua, por favor, agua”. Yo me asusté, y es que no era para menos su angustia: en un día bien caluroso, como es lo habitual, vestía leggins y jersey sintético negro de cuello alto. Sobre ello, falda hasta los tobillos y blusa. En la cabeza el hiyab, que consta de dos telas, la interior, que recoge el cabello y la exterior que vemos. Manoletinas, guantes de lana y pañuelo enrollado en la cara para no respirar la contaminación y preservarla también de los rayos solares. ¿Quién puede resistir estooo? Pues lo hacen, a diario. ¡Así está claro que no engorden!

Desde luego de lo que no hay duda, volviendo al hilo, es que resulta espectacular ver los aparcamientos de motos. Tantas y tan bien alineaditas. Siempre con chicos alrededor ayudándote a meterla en huecos que no imaginabas caber. Así que hay que saberse la matrícula si quieres encontrarla luego porque a veces te la mueven para dar cabida a más.

Me llama la atención que casi nadie trabe el casco. Me dicen que es que los robos no son demasiado habituales pero yo no las llevo todas conmigo porque no hay aparcamiento que no te pida la documentación de la moto para salir de él, algunos incluso para entrar. Los cascos parece que efectivamente no los tocan mucho, pero las motos debe ser otra historia, ¿o quizás solo sea por comprobar que no te has equivocado al cogerla? No sé, un misterio, algún día me acordaré de preguntar.

En fin, resumiendo, que sin moto no eres nadie. Estoy intentando  realizar una presentación con imágenes de ellas, me fascinan, aunque como siempre piensas que tienes tiempo sobrado, al final me cogió el toro y no pude captar todas las imágenes que hubiera deseado. Ya os mostraré el resultado si lo consigo. Aunque hay instantáneas que siempre se te escapan, como aquella mujer en la parte trasera de la moto, sujetándose el casco con las dos manos pero sin llegar a posar éste sobre la cabeza para no estropear el peinado.

En el fondo no deja de ser como cuando se lleva colgado del brazo. Y, confesad, ¿quién, que haya usado moto, no lo ha hecho alguna vez? Esta nueva pose tiene su gracejo y además,  la trampilla igual hasta cuela, aunque sea por la buena voluntad.

A falta de esa instantánea que sólo la imaginación os puede mostrar, os dejo esta otra, para ir haciendo boca.

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