Queridos Reyes Magos:

Seguramente me habéis echado de menos. No os escribo una carta desde hace muuucho tiempo, desde que tenía ocho años y mi vecina me dijo que ni los niños venían de París ni los Reyes Magos de Oriente. ¿Por qué me dijo aquellooo?Tal vez yo se lo pregunté, no recuerdo, pero una mentira piadosa, sobre todo a los ocho años, no creo que hiciera mucho mal . Quería mucho a mi vecina, pero eso… eso, todavía no se lo he perdonado.

¿Quieres ser mayor? Pues vale, eres mayor, eso creo que me dijo. Pues no, ahora ya no quiero ser mayor, ahora entiendo que para eso hay demasiado tiempo, así que hoy me voy a resarcir.

Tengo que poneros al día.  ¿Sabéis, Melchor, Gaspar y Baltasar? Ya no vivo en mi barrio de Sevilla. He vivido en muchas ciudades, de lo cual me alegro mucho porque ya sabéis que lo que más ilusión me hacía en la vida era viajar, y hablar con la gente, y conocer sus costumbres… pero eso en aquella época era sólo era para ricos. Ni aunque os lo hubiese pedido a vosotros hubiera sido posible porque ¡a ver quién tenía entonces camellos como vosotros o Seiscientos como el señor de la esquina!

Echo mucho de menos mi barrio y mi ciudad y mis gentes, así que cuando empieza a faltarme un poco de aire, allá que me voy, a caminar por todas partes. Me paro un rato ante las que fueron mis ventanas y las de mi colegio y los balcones de mis amigas. Me viene el gusto de los altramuces y las chufas que vendían a las puertas del cine de verano. Inhalo el incienso y el azahar al pasar por San Gonzalo y el Barrio León, y se me hace la boca agua imaginando el intenso aroma del almacén de aceitunas que los nuevos vecinos ni saben que existió. ¡Qué harán ellos aquí, no forman parte del barrio!

No creáis que me olvidé de vosotros. Cada año, muy mal me tiene que venir para no acercarme al Caballo y luego a la Plaza de Cuba para ver vuestra llegada. Eso es sagrado. Pero claro, con tanta gente no me veréis, además me paso más tiempo agachada cogiendo los caramelos que de pie. Luego no los como, los cambio por los del año anterior, pero no me puedo resistir a cogerlos, contarlos y pesarlos. Entre los cuatro de casa, unos 800 reunimos la última vez y eso que a mitad paramos porque ya las piernas nos flojeaban de tanto subir y bajar.

No ha habido oportunidad para contaros que encontré a un príncipe, no como el de los cuentos, qué va, la sangre no es azul, pero sí es de carne y hueso y, como ya no podía pediros muñecas como todos los años, él me regaló dos, una rubia y una morena. No es por menospreciar las vuestras, porque mira que eran bonitas, que las tenía todas encima de mi armario por orden de altura y me dormía cada noche contemplándolas… pero éstas son más que bonitas, de las que nunca me quisisteis traer, de las que andan, y hablan, y ríen, y dan besitos… hasta comen.

Ahora, ahora vivo muy lejos, mucho más que Barcelona, donde por entonces vivía alguien de cada familia, y mira que eso estaba lejos, que tardaban dos días en llegar. Más lejos incluso que América, donde vivía mi tita y cuyas historias del país yo escuchaba con la boca abierta.

Igual es verdad eso de que si deseas algo con mucha fuerza se cumple. Yo deseé tanto, tanto, vivir todo aquello, que se hizo realidad. Y pude conocer Disneylandia y a mi Pato Donald, para echarle una mano porque, pobre, ¡mira que era pato!, y a la Cenicienta que, uf cómo lloré al vislumbrar a lo lejos su palacio.

Este país de ahora se llama Indonesia, y tuve que pasar muchas hojas del Atlas hasta encontrarlo. Al principio no lo veía y no me extraña, porque en el dibujo sólo se ven muchas manchitas negras que yo creía que era tinta china que se les había caído a mis hermanos. Porque sí, antes que yo lo usaron ellos cinco, como es natural.

Ahora no se hace eso de usar lo de los hermanos y viene muy mal que sean libros nuevos cada vez, porque no sabes la de trabajo que te ahorras con los ríos y montañas ya subrayados por ellos. Además, cuando paso la mano por encima es como si rozara la de todos  y eso ya, aunque quisiera, es algo que no podré hacer.

Aquí hace mucho calor pero la gente va muy tapada, hasta se bañan vestidos, y dicen que no saben por qué a los extranjeros les gusta tanto la playa. Debe ser que están aburridos de verla, claro, para eso son islas, ¡y pensar que en mi barrio casi nadie sabía cómo era una playa! Menos mal que ahora sí.

Hacen cosas raras, vamos, no raras, pero que a mí y a todos mis amigos nos reñían cuando las hacíamos: ir descalzos, dormir en el suelo, comer con las manos… Sin embargo nadie se enfada con ellos y por eso será que siempre están todos sonriendo.

Imagino que los camellos no saben nadar muy bien y claro, con tanta agua de por medio, se ve que hasta aquí no podéis llegar. Será por eso que no os conocen. Es una pena, porque mira que les gustaría que le trajéseis juguetes y ropa y medicinas y libros… Aquí hay, pero no todos saben cómo comprarlo.

Tampoco es que escriban mucho a Papá Noel. A lo mejor es porque no necesitan juguetes, porque he visto que hacen unas pelotas con trapos y se lo pasan pipa todo el día marcando goles, porque ¡mira que les gusta el fútbol! Y todos me preguntan por un tal Torres, pero yo no tengo muy claro quién es, debe ser que no vino nunca a mi casa a darle trabajo a mi padre.

O a lo mejor es que no tienen tiempo de escribir, porque muchos días los veo plantando arroz, o ayudando a sus padres en cualquier otro quehacer: arreglando ruedas, lavando, vendiendo cosas, cocinando… Qué guay, a nosotros no nos dejaban mucho, decían que les estorbábamos y que nos fuésemos a estudiar o ver la tele. Y mira, cuando crecemos un poco es al revés, se quejan de que no fregamos ni hacemos ná de ná. ¡A los mayores no hay quien les entienda!

Algunos niños, como pasa por allá, sí que usan mucho los juegos de esos teléfonos tan pequeñitos que ahora tiene todo el mundo. Yo creo que esos juegos no deben ser tan divertidos porque nadie te va a buscar a tu casa para enseñártelo y que juegues con él, como hacíamos con las cocinitas, por ejemplo, o con los scalextric.

¡Y qué bien lo pasábamos todas las amigas jugando al teje, y a la rueda, y al escondite… Ellos están siempre en sus casas solos, debe ser por eso que no se ríen tanto como los otros que juegan a la lima o a buscar ranas.

Estamos aquí contentos, todo el mundo es muy amable y nos ayuda mucho, pero en estas fechas nadie canta villancicos y parece que no pega. No pudimos traer las muñecas porque eran tan grandes que no cabían ya en la maleta. Y sin villancicos, sin muñecas y sin bufanda no es lo mismo.

Pero al menos os puedo mandar esta carta. No hace falta que este año me traigáis calcetines, todavía tengo de los que me traíais todos los años.

Pero veo que aquí, cada día la gente se parece un poquito más a la de allá, y allá cada día están más serios y más enfadados. No sé por qué, a lo mejor porque no le traéis todo lo que piden, o porque los de siempre, como me dice mamá cuando incordio, ni comen ni dejan comer. Y yo no quiero que eso siga pasando, ni aquí ni allí.

Así que lo que os quiero pedir, ya que ahora no hay CinExin, son unas gafas de esas de 3D que molan tanto, para que mis amigos y yo podamos ver mucho mejor todo lo bonito que hay alrededor y, una cosa …  ¿sabéis si esas gafas también sirven para  ver por detrás? Sería genial, así vería también a los que intentan darme sustos por la espalda, que a mí esas bromas no me gustan, dan susto y luego no te dejan dormir.

Y para esta gente con la que ahora vivo, ya que sois magos, os pido una magia: que no les haga nunca nadie perder su sonrisa, sólo eso.

En fin, queridos Reyes Magos, me alegro de haber podido escribiros después de tanto tiempo. No sé si tendré oportunidad de hacerlo alguna vez más porque ya está amaneciendo, es casi la hora de despertar y esto de soñar con lo que se desea soñar no es algo que se pueda hacer siempre que se quiera.

En casa ya sabéis que siempre, siempre, habrá un vasito de leche para cada uno de vosotros y unos kikis para los camellos. ¡Ay, que ahora ya no hay kikis, que ahora el azúcar viene en paquetitos! No tiene gracia eso de no poder romper los terrones. Bueno, pues ya los mojaré y haré bolitas, así también las podrán comer mejor.

Un beso muy, muy fuerte de vuestra amiga que lo es, MSH.

Postdata: Muchas gracias por no haberme olvidado durante todos estos años a pesar de no haberos escrito. Puntualmente he recibido vuestros regalos, justo los que siempre deseé, libros interactivos con muuuchas aventuras en lugares inimaginables y muuuchos personajes en relieve:  reyes, magos, hadas madrinas, héroes, sabios, trovadores,  y más y más…

Todos con un eje común, el poder de convertirse, tras una ráfaga de aire, en malabaristas y gladiadores de un circo, el llamado Gran Circo de la Vida.

Cada personaje aparece por ahí, entre las páginas, cuando menos me lo espero y me hace espabilar cuando empiezo a dormitar, o me hace soñar, o llorar de emoción, o pensar, o reír… Sin ellos, las historias, mi historia, no hubiera sido la misma.